Yo nací en el mundo de la política, crecí viéndola desde dentro y desde fuera, desarrollando una pasión por ella. Pero a la vez visualizaba en mi entorno un pueblo decepcionado, con esperanzas casi nulas de que las cosas podían cambiar, un pueblo que no conocía su verdadero poder, uno resignado a ser sumiso y auto adjudicándose el papel de victima de por vida, un pueblo para el que la política solo era igual a mentiras, robo, engaños y promesas infundadas.
Una situación electoral fue la gota que derramó el vaso e hizo despertar a mi pueblo, lo movilizó hacia la plaza de la bandera, los sacó al balcón, las aceras y calles con calderos y cucharones en mano, pero lo mejor de todo fue que le despertó las esperanzas, la fe en un cambio y les enseñó que ellos tenían el verdadero poder. En julio ganamos la batalla como pueblo pero aún estamos librando la guerra, solo que ahora estamos más atentos a los pasos de los que se creían "poderosos".
Las redes sociales se hacen eco de nuestros pedimentos, quejas, sugerencias y reclamos, la voz de toda una nación resuena al compás cuando se unen. Los pasos se encaminan hacia un futuro más prospero, porque nuestras voz por parte de los gobernantes está siendo escuchada.
Pero por otro lado, quiero destacar que una cosa es que el pueblo asuma su rol y otra diferente que todas las decisiones sean asumidas con bases en el populismo, las autoridades deben distinguir y actuar en búsqueda de lo mejor para la nación.
¡Autoridades el pueblo los observa y ellos serán el jurado!

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